Ya de niña, Susana, notó que había diferentes maneras de besar.
Le gustaban mucho los cuentos y era por eso, que si pescaba una rana, lo intentaba de mil maneras hasta que aburrida, la dejaba escapar.
Ella era de las que pensaban que con paciencia y tesón,
en algún momento, descubriría la forma de hacerlo que le daría la razón.
Ya universitaria y con falta de dinero, descubrió un día que con sus besos y demás,
no solo lograba convertir en príncipes a los sapos, sino en sapos volverlos a dejar.
Ella que siempre fue chica lista y buena negociante,
con mucha discreción, puso de moda lo que al final llamó “la rana relajante”.
No es nada malo, ya que acompaña y eso… relaja bastante.
Desde entonces se forra y cotiza en bolsa como
“Madame Lacroac,
se la presto.
Ya me la devolverá".
