20.30 de la tarde,
con la estación de Nuevos Ministerios abarrotada. Gente de todos los pelajes,
colores y tamaños esperamos la apertura de puertas del convoy de la línea Circular. Una vez acomodados,
cada uno con su trocito de barra, me llama la atención algo, no sé qué, hasta
que poco a poco caigo en la cuenta.
-¡Hombre!
Señor Rajoy…no esperaba encontrarlo por aquí. Bueno ni en otro lado, pero en el
Metro…es algo inesperado, venir un día a Madrid y…
-Shhhhh. por favor, sea dishcreto. ¿Qué tiene de casual? Voy a
Moncloa y yo me encuentro todosh losh díash con gente que no conozco y no lo
veo anormal. ¿Hubiera ushted preferido a Ronaldo?
-No. No sabría
qué tipo de conversación habríamos tenido. Pero con usted sin embargo me surgen
cosas que en un día como hoy y con la Huelga General que le están montando…
-Ushted cree
que al final la harán ¿verdad? –me preguntó con semblante compungido-.
- Me temo
que sí Mariano. ¿Le puedo llamar Mariano?
-Ya lo ha
hecho ¿pero cómo me ha conocido? Eshta shudadera…
-Aunque
lleve sudadera, capucha y gafas oscuras…quiere decir ¿verdad? Todo el mundo lo
conoce hombre, lo que pasa es que a día de hoy y pese a su ministro Wert, aún
somos educados. Además va usted hablando alto, y de vez en cuando se le escapan
frases en alemán.
-Vaya hombre…y
yo que penshaba que llevaba el camuflaje perfecto –dijo con tono contrariado-.
-¿Perfecto? –Noté
que había que distender algo la conversación, por lo que opté por hacerle ver
que podía confiar y soltarse- Ayer me tropecé con el Rey, venía de su Pinar y
según me comentó iba de caza a la Casa de Campo. Lo noté poco hablador, no me
permitió ni siquiera hacerle un chiste de catalanes. Y al preguntarle por la
familia, me cruzó una mirada…que completó con un “por qué no te cayas”.
Poco a poco
la conversación se fue apagando y con el traqueteo del tren noté como su mirada
se perdía, supongo que pensando en esas cosas que piensan los presis que lo
llevan chungo de cullons. A mí, me dio algo de pena y en una de estas que yo
también me perdí, cuando me di cuenta le tenía el brazo por encima del hombro,
cosa que el aprovechó para ver mi cartera. Mi pelada cartera……..
-Moncloa –dijo
con tristeza- ¿Me daría ushted un abrazo?
Cómo me iba
a negar…pensé. De buen agrado lo mandaría a hacer gárgaras, posiblemente éste
sea de los que cada vez que me vea me pide algo más, pero…me abroché el
bolsillo de la cartera y además de un abrazo, saqué el móvil, nos hicimos una
foto juntos haciendo caritas raras y antes de bajarse, le di una palmadita en el
culete.
PD: Ni de coña
os creáis que esto es de verdad, ni que yo soy tan blando ¿eh?
